Esther Chavez
Primera actriz afroperuana • Legado de vida y arte
Primera actriz afroperuana • Legado de vida y arte
"No fui famosa, pero fui verdadera. Y eso vale más que mil aplausos vacíos"
“Mi trayectoria comenzó en 1959…
¡Sí, en aquel año en que a San Martín de Porres se le veneraba en el Perú entero y el mundo católico por sus milagros, y yo, con mis
nervios bien planchados y mi corazón al galope, subía por primera vez a un
escenario...con la obra de teatro "Hermano Humildad"!
Siempre decía que así empezó todo: Mi San Martincito en lo sagrado, y yo en lo
artístico… que, para mí, también era una especie de altar, pero con focos
calientes, vestuarios y aplausos que temblaban en la emocion de mi pecho.
¡Esa primera vez… ay, esa primera vez!
Lo que sentí no lo podría explicar ni aunque me hubieran dado una vida más para
intentarlo.
Fue como volver a una casa donde nunca había vivido. ¿Cómo se explica eso? ¡No
se puede! Solo se siente… y vaya que si lo sentí. Era como si mis pies supieran el camino antes que yo.
Como si las tablas me reconocieran y dijeran:
¡Hasta que por fin llegaste!...
A lo largo de mis años en el plano terrenal caminé por escenarios humildes, no tan
humildes, grandes y muy grandes. Usé todo tipo de vestuarios, algunos que parecían
más pesados que mis propios sueños, y encarné personajes que, a veces, ¡hasta se
parecían demasiado a mí!
Estudié mis líneas, las repetía en casa, en las combis, en los micros, en camerinos, en
cualquier rincón donde entrara un poco de luz. Memorizar tenia que ser mi deporte
favorito… y la palabra “olvidar” había que sacarla de mi diccionario….
...Pero ¡Claro que me olvidé líneas! Pero también improvisé salvajemente, con la elegancia de quien sonríe
mientras piensa: “¡Dios mío, qué sigue… que alguien diga su parte!”
Y aun así, el público siempre me regaló esa mirada tibia y amorosa que parecía decir:
“Vamos, que tú puedes, Esther.”
En esta sección encontrarás versiones de mi CV, esos papeles formales que
intentaron encerrar en palabras frías lo que para mí fueron años encendidos de vida.
¿Cómo poner en una hoja el olor de un camerino lleno de flores?
¿Cómo escribir el temblor detrás del telón, las carcajadas compartidas con compañeros
artistas que se volvian familia en las cortas o largas temporadas, o ese instante
milagroso en que el público se quedaba en silencio total?
¡Imposible! Pero aun así, ahí están, para que los leas con calma, con cariño.
Mi trayectoria, más que una lista o una cronología rígida, fue un camino hecho de
pasos, tropiezos, abrazos, aplausos, dudas, decepciones, emociones, certezas y esa
terquedad hermosa de seguir adelante aunque el telón ya hubiera caído.
Fue un baúl de recuerdos donde guardé mis primeras risas en escena, mis lágrimas
inevitables, mis sustos repentinos y mis pequeños triunfos, esos que una celebra por
dentro mientras mantiene la postura de actriz profesional.
Mi trayectoria fue uno y mil latidos…
ese primer latido comenzó en 1959 y de alguna manera, sigue sonando cada vez que alguien recuerda mi nombre…
cada vez que alguien recuerda a Esther Chávez.